
El juego de las golondrinas narra una noche en el Beirut en guerra de los años 80, en la que los habitantes de un edificio situado en la línea del frente se encuentran encerrados por los bombardeos.
La obra dibuja una galería de retratos pintorescos, teñida de gravedad y de humor, que permite a Zeina Abirached, su autora, contar la historia de su propia familia.
Abirached llegó a París en 2004. En Líbano no tenía oportunidades de publicar sus cómics personales, así que se instaló en Francia.
Sin embargo, siguió obsesionada con su lugar de nacimiento, Beirut, que es tanto un personaje como un lugar en sus cuatro aclamadas novelas gráficas publicadas hasta la fecha.
Nacida en 1981, Abirached creció sin conocer nada más que la guerra civil, pero, a pesar de que su familia vivía cerca de la disputada frontera de demarcación de la dividida capital, de alguna manera estaba protegida.
El génesis de El juego de las golondrinas se sitúa en un extraño encuentro de Abirached con su abuela muchos años después, pero no en persona, sino a través de una película.
En 2006, mientras exploraba un archivo de noticias de televisión en línea, la autora se encontró con un reportaje sobre un bombardeo de 1984 en Beirut: «De repente, mi abuela salió de la pantalla de mi computadora”.
Allí estaba ella, en el momento de la crisis, siendo entrevistada y diciendo: «Creo que todavía estamos, quizás, más o menos seguros aquí».
Su declaración cuestionaba la noción de espacio y territorialidad, y resumía por qué muchas personas se quedaron «en casa» a pesar del peligro. Esa se convirtió en la primera frase de El juego de las golondrinas.
Abirached recuerda:
«La gente aprendió a vivir con la guerra. Toda una red fue organizada por los adultos para que las cosas me parecieran bastante normales.
Cuando teníamos que huir de nuestra casa, mi madre fingía que nos íbamos de vacaciones.
No fue hasta que terminó la guerra cuando me di cuenta de lo que realmente estaba pasando.
No fue hasta entonces cuando descubrí que Beirut era realmente grande.
La ciudad había sido cortada en dos y en la parte oriental las calles estaban divididas por muros de sacos de arena; cuando era un niña ingenuo pensaba que todos los caminos se detenían allí.
Cuando se abrió el resto de la ciudad, sentí que iba a un país extranjero.”
El juego de las golondrinas comienza mostrando a través de croquis y paisajes icónicos la distribución de Beirut en guerra.
Y eso es todo lo que veremos del exterior, pues el cómic transcurre por completo en la habitación más segura de un edificio de pisos, la entrada a una vivienda familiar, que se convierte en el lugar de refugio, reunión y apoyo de una comunidad de vecinos.
El punto de vista infantil dulcifica el pequeño universo de vecinos y familiares y los accidentes que sufren durante una larga noche. La durísima realidad nos llega de un modo más suavizado, inocente y humano.
El recurso permite trasladar al lector de un modo reconfortante y emotivo una experiencia que podría resultar durísima contada con un lenguaje documental puro, al estilo de un reportaje periodístico de guerra.
La tensión narrativa, el desarrollo argumental, la dinámica de fuerzas de la historia, se establece en un juego entre lo que está fuera y lo que está dentro.
Fuera está la ciudad en guerra, están los países remotos en los que algunos personajes planean pedir asilo.
De lo que pasa fuera solo llegan relatos, especulaciones, señales corruptas e a través de medios de comunicación precarios, como la radio o un teléfono que apenas funciona.
Dentro está lo que se nos muestra, lo que sabemos, lo que existe. Lo que es seguro: una entrada, una estancia.
¿Qué refugia a los personajes en ella?
Muros de hormigón pero también, sobre todo, los cuidados que se procuran unos a otros.
Su solidaridad, su compromiso con el bien del prójimo alcanza un nivel de compromiso, de entrega, tan excepcional como son las amenazas que les asedian en forma de bomba, de desaparición, de escasez.
El juego de las golondrinas es un libro de guerra sin política, que no dice nada del desarrollo bélico, más allá de cómo afecta a la movilidad y el sustento de una ciudad, siempre dentro de lo que podría comprender un niño.
Esto lo vuelve una lectura universal, pedagógica, con valores extensibles a otros conflictos.
Es inspirador porque, al final, en El juego de las golondrinas, el amor le gana una batalla a la guerra. Al menos dentro de ese refugio.
Bibliografía
- Zeina Abirached. El juego de las golondrinas. Salamandra Graphic. 2022. (La ilustración del post ha sido extraída de esta edición).
- Paul Gravett “Zeina Abirached, A Game For Swallows.” : http://www.paulgravett.com/articles/article/zeina_abirached/
